El tipo de orientación a metas: Una contextualización.

Antes de analizar lo que la investigación nos dice sobre el tema del tipo de orientación a metas, veamos el running como analogía que nos va a servir para entender cada uno de los tipos de orientación y sus implicaciones en nuestra motivación y autoestima.

El running es una actividad que muchas personas incorporan a sus rutinas. Está claro que cuando lo hacen, no se comparan con Ussain Bolt. Cada uno/a va con su cronómetro y sale a correr, por la mera satisfacción que eso le aporta para el resto de sus actividades diarias. Las marcas de un buen aficionado/a al running se consiguen por comparación con la vez anterior que salió a correr y tiene menos que ver con las comparaciones con los demás. Poco a poco, día a día, son capaces de correr durante distancias más largas y/o de acortar sus tiempos, en eso es donde hallan su motivación, junto con la sensación de bienestar que esta actividad les aporta a sus vidas.

Si se comparasen con Ussain Bolt, el primer día decidirían quedarse en casa y ni volver a intentarlo.

Un buen aficionado al running se anota a maratones o carreras por el hecho de la motivación extra que supone correr con otras personas y compartir su afición. Suelen bajar sus marcas cuando corren en carreras, pero no por esa competitividad de ganar a quien va a su lado, sino porque correr entre tantas personas les causa un impulso extra. Y si uno/a de sus compañer@s queda en una buena posición, es algo que todo el grupo celebra. He aquí una motivación de logro basada en el proceso, en la competencia.

La competitividad, sin embargo, está muy bien vista. Se entiende como algo que es intrínseco al buen deportista. Humildemente creo que, en la medida de que un deportista profesional sea capaz de mantener su motivación en el proceso y consiga dejar de ver a izquierda, derecha, delante y atrás, para algo más que para aprender, será cada vez más y más profesional, a la vez que será capaz de transmitir sin esfuerzo los valores propios e inherentes a la deportividad.

Una motivación de logro basada en los resultados es muy fácil de promover en una persona con aptitudes para la tarea, pero sus efectos a largo plazo son descorazonadores para quienes la mantienen. Comparándose con los demás, la frustración está garantizada, porque a todo hay quien gane. La meta a veces es tan irreal, tan inalcanzable, que las excusas, las trampas, la suerte… entran en juego.

La competitividad en la escuela

La competitividad es algo que se tiende a mantener en la etapa escolar. Padres, madres, profesores/as, alumnos/as, usan las notas de los demás para evaluar a un alumno/a, es lo que se conoce como «evaluación normativa». En algunas escuelas esta práctica es mucho más evidente y en el boletín de calificaciones, además de las notas del alumno/a, se incluye el dato de su posición respecto a la clase (3/25, 24/25…).

Tampoco es anormal que otros padres/madres le pregunten a tu hijo/a la nota que ha sacado en sus exámenes y pongan ese gesto de satisfacción o de mirada reprobadora hacia su propio hijo/a al escuchar la respuesta.

La importancia que se le da a las notas, así como la facilidad para ordenar al alumnado respecto a ellas, los diferentes modos de acceso en niveles superiores… promueven una orientación hacia metas que, como veremos, les alejan del tipo de motivación que es más deseable en un aprendiz.

Cuáles son los tipos de orientación a metas y sus implicaciones

Tipos de orientación a metas

En su libro Aprendizaje e Instrucción, Richard E. Mayer clasifica en 3 los tipos de orientación a metas:

  • Metas de competencia: La meta es entender, aprender.
  • Metas de rendimiento con componente de aproximación: La meta está en quedar entre los/as mejores.
  • Metas de rendimiento con componente de evitación: La meta está en no quedar entre los/as peores.

Relaciones entre el tipo de orientación a metas y los resultados.

Los estudios que se han hecho ponen en relieve que son los alumnos/as que se orientan a metas de rendimiento con componente de aproximación quienes obtienen los mejores resultados, seguidos/as por aquéllos/as con metas de competencia, y por último aquéllos/as con metas de rendimiento con componente de evitación.

Así que, si lo que buscamos es que el alumnado alcance las mejores notas en sus boletines, en nuestro sistema parece que promover la competitividad es una buena opción, pero… ¿es así como se consigue realmente que cada alumno, cada alumna, desarrolle al máximo su potencial? ¿Se consigue un aprendizaje realmente significativo? ¿Son tan importantes las notas antes de llegar al Bachillerato? Si acceden a estudios universitarios con notas de corte muy elevadas ¿Serán capaces de seguir manteniendo su motivación en el estudio si no son capaces de mantenerse en las primeras posiciones?. Cuando la motivación, tu meta, es estar entre los/as mejores, dependes del contexto y estás dispuesto/a a casi cualquier cosa por conseguirlo.

Implicaciones del tipo de orientación a metas con componente de aproximación:

  • ¿Para qué son beneficiosas? Para memorizar aquellos contenidos que les permitan conseguir los mejores resultados, en muchos casos a expensas de una comprensión profunda y, por lo tanto, de un recuerdo a largo plazo.
  • ¿A qué tipo de alumnos/as benefician más? A aquéllos que aprenden en entornos que premian la competitividad.
  • ¿De qué modo este tipo de orientación a metas influye en el rendimiento, en los resultados? Pueden impedir que estos alumnos/as se abran a nuevas experiencias de aprendizaje, a nuevos desafíos, limitan su creatividad; impide también que cooperen con otros alumnos/as, que aprendan a trabajar en equipo; y promueven que no les importe hacer trampas para conseguir quedar entre los/as mejores.

Implicaciones del tipo de orientación a metas de competencia:

  • ¿Para qué son beneficiosas? Para utilizar estrategias que les permitan profundizar en los contenidos, entenderlos, implicarse en el proceso, alcanzando un aprendizaje con significado y, por tanto, un recuerdo a largo plazo.
  • ¿A qué tipo de alumnos/as benefician más? A aquéllos que disponen de entornos que les ofrecen actividades para la puesta en práctica de los conocimientos recién adquiridos.
  • ¿De qué modo este tipo de orientación a metas influye en el rendimiento, en los resultados? Aunque puede resultar raro, los diferentes estudios no encuentran relaciones entre una orientación a metas de competencia y unos ciertos resultados, no existe un factor de correlación elevado. Lo que sí se encuentra es que se anotan en mayor medida a las actividades propuestas, que su nivel de compañerismo es mucho más elevado y que se muestran interesados/as y participativos/as en clase.

Implicaciones del tipo de orientación a metas con componente de evitación:

  • Este tipo de orientación a metas no beneficia en ninguno de los aspectos a quienes la ponen en práctica. No se trata de alumnos/as que se sientan capaces, ni motivados para el estudio. Su meta es evitar estar entre los/as peores de clase y esos juicios negativos asociados a esas posiciones.

El tipo de orientación a metas y su relación con la ansiedad

La ansiedad no es otra cosa que el miedo al miedo, anticipar posibles situaciones, ponerse en el peor de los casos y vivirlas como si estuviesen pasando en el momento presente. Esto nos prepara, si está en nuestra mano mejorar algún aspecto del presente para mejorar posibles resultados futuros, pero… si no está en nuestra mano, esa ansiedad es desadaptativa, no nos conduce a más que a una mayor ansiedad.

Desde este punto de vista, la ansiedad es adaptativa cuando nuestra meta es la de ser competentes, ampliar nuestro conocimiento, ejecutar mejor una tarea. Anticipar una situación negativa es lo que se conoce en este caso como «proactividad», prepararse para eventuales contratiempos.

Ahora bien, si nuestra meta es de rendimiento (tanto con componente de aproximación como de evitación), la ansiedad nos llevaría a imaginar situaciones en las que compañeros/as alcanzan mejores resultados que nosotros (bien en los puestos más altos como en los más bajos). No dependemos de nosotros mismos/as únicamente, seguir al otro/a, sus progresos… será una de nuestras tareas y ver como son mejores, provocará en nosotros/as una gran ansiedad que intentaremos mitigar con prácticas poco honestas, en la mayoría de los casos, o aumentando el tiempo que nos pasamos memorizando todo hasta el más mínimo detalle y… todo ese esfuerzo sólo se verá recompensado si conseguimos quedar entre los mejores de la clase o evitamos estar entre los peores. Vivir con este nivel base de ansiedad es desadaptativo en esta sociedad, en la que cada vez es más fácil compararse con más personas.

¿Qué cambios se deberían producir en el sistema educativo?

Es paradójico que estudiantes con metas de competencia no alcancen los mejores resultados, que nuestro sistema no premie la cooperación, el interés, la participación, el esfuerzo por superarse a uno mismo/a, la comprensión, la creatividad, el pensamiento crítico…

Nuestro sistema premia la ejecución de tareas repetitivas, al alumnado que es dócil y adquiere, aunque de forma superficial, los contenidos que se han pactado. Los nuevos cambios a nivel legislativo todavía ponen en mayor valor estos componentes del aprendizaje y, lo que es peor, evalúan todo el sistema sólo por el rendimiento del alumnado.

Y después culpan a profesores/as maestros/as de la mala posición en los rankings internacionales.

Es de perogrullo entender que un sistema que no premia un tipo de orientación a metas de competencia, no puede obtener grandes resultados en pruebas que evalúan un tipo de aprendizaje con significado. El aprendizaje debe dejar de verse como un medio para llegar a un fin, del mismo modo que quien decide salir a correr cada día, lo hace por el beneficio inmediato que le aporta. Si la recompensa sólo existiese para aquellos corredores que consiguen hacer tantos kilómetros en tanto tiempo, sólo los/as mejores seguirían corriendo cada día.

Las familias, por supuesto, también promueven una orientación de metas hacia el rendimiento, hacia los resultados. Premiar una evolución positiva, el esfuerzo, el interés por comentar los temas que están dando en la escuela, ofrecerles oportunidades para entender para qué les sirve lo que han aprendido, interesarnos por su comportamiento, por su grado de cooperación y participación en clase y no solo por sus notas… es el modo de que nuestros hijos e hijas orienten sus metas a ser más y más competentes a todos los niveles. Las comparaciones con otras personas sólo les orientan hacia metas de rendimiento. Si les hacemos competentes en etapas de educación obligatoria, podremos en las etapas postobligatorias, añadir un componente de resultado, ya tendrán sus estrategias, es el momento de ponerlas en práctica para conseguir los resultados que les permitan hacer realidad sus sueños. A nivel competencial, estarán mucho mejor preparad@s.

Decir que no todos los alumnos/as con elevado nivel de rendimiento tienen una meta orientada a ser el mejor o la mejor. Algunos de los alumnos/as orientados a metas de competencia están entre los que mejor notas consiguen, es su modo de relacionarse con los demás, su forma de afrontar éxitos y fracasos, su grado de participación en otras actividades o tareas… lo que en mayor medida les distingue.

 

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