Seguir el trabajo de nuestros hijos e hijas es la forma que tenemos para darle valor y para ayudarles y apoyarles en su proceso de aprendizaje.

Las familias buscan exactamente lo mismo que el profesorado, ofrecer las oportunidades necesarias que todo el alumnado, sean cuales sean sus características personales, culturales o sociales, desarrollen de forma óptima todo su potencial y lograr durante el proceso un entorno para su desarrollo seguro, en el que ellos y ellas sean los verdaderos protagonistas en su proceso de aprendizaje.

Estas metas son difíciles de alcanzar si ambos entornos (familiar y escolar) muestran abiertamente sus discrepancias, si uno señala al otro como culpable del fracaso de los alumnos y alumnas. En otro post ya os conté la necesidad de dejar de culpar para empezar a asumir unos y otros nuestras responsabilidades, sólo así el alumnado se dará cuenta de que la escuela es una oportunidad para el aprendizaje y que son ellos y ellas quienes tienen en su mano la decisión de aprovecharla o no.

He decidido empezar por las familias, la semana que viene veremos cómo puede el profesorado realizar un seguimiento del trabajo de su alumnado desde un punto de vista positivo de la educación.

¡Vamos allá!

A trote: Detectar potencialidadesActivemos el detector de potencialidades:

Tenemos un sistema educativo que valora de una forma mucho más evidente dos competencias: la lingüística y la matemática. Las demás son consideradas como secundarias a nivel curricular. Son muchas las evidencias de que esto es así, sólo debemos fijarnos en el diseño de los diferentes estándares de aprendizaje o en los contenidos de las pruebas diseñadas para la evaluación de los distintos niveles. Si nuestros hijos e hijas son amantes de los libros o tienen facilidad para las matemáticas, tendrán la oportunidad de que el propio sistema detecte su potencialidad, no tendrán peligro de daño en su autoestima.

Ahora bien, si sus potencialidades tienen más que ver con su expresión artística, con su movimiento, con su facilidad de relación con los demás, con sus ansias de experimentación… tendremos que activar con mucho más esfuerzo nuestro detector de potencialidades, haciéndoles ver que la sociedad sí valora esa potencialidad que tienen y, sobre todo nosotros, su familia.

Si conseguimos que su autoestima no decaiga, será mucho más fácil que afronten sus tareas escolares con la motivación necesaria.

A trote: Ofrecer oportunidades para destacarOfrezcamos oportunidades para desarrollar su potencial:

Ofrecer estas oportunidades es la forma que tenemos de demostrar que la familia sí le da valor. Si tu hijo/a disfruta con la naturaleza, ofrécele oportunidades para descubrir nuevos lugares, nuevas rutas; si disfruta con el deporte, déjale que escoja aquel en el que se sienta más a gusto; si es la música lo que le apasiona, ofrécele la oportunidad de descubrir nuevos instrumentos hasta que encuentre aquel que mejor se adapte a su forma de expresarse.

Si lo pensamos bien, cada una de estas oportunidades que estamos dando, además de proteger su autoestima, son la llave de nuevos conocimientos. Necesitará saber seguir instrucciones y prestar atención si practica un deporte, tendrá que ir sumando puntos y haciendo cálculos para saber en qué lugar de la clasificación puede acabar su equipo… aprovechemos ese interés suyo para enseñarles otros conceptos y, sobre todo, cómo superar los momentos de frustración.

A trote: Dar tiempo y lugarCedamos a cada actividad su tiempo y su espacio:

Una de las luchas cotidianas más importantes en casa es el tiempo de los deberes (me gusta más llamarles tareas, pero bueno). Hay niños, niñas, adolescentes que sí son responsables con estas tareas, pero ¿y si no lo son? ¿y si se niegan a hacerlas?. Aquí tenemos que llegar a un pacto con el profesor/a, ya que esta parte del tiempo en casa está muy relacionada con el otro tiempo que pasa en la escuela. Las tareas deben suponer un tiempo en casa, pero no todo el tiempo y no pueden ser una fuente de conflicto. Debemos ofrecerles un tiempo y un lugar para hacerlas, sin amenazas, adaptándonos a cada edad. Un ejemplo podría ser:

  • “Llegó el momento de las tareas, ¿qué tenéis hoy para hacer?” (les acompañamos a sus zonas de estudio, les ayudamos a revisar su agenda, a trazar un plan, hacemos que se fijen en si tiene un examen cerca o la entrega de un trabajo). “Hoy podéis hacer tareas hasta…. ¿creéis que os dará tiempo?”. Dependiendo de sus respuestas podremos pactar otro tiempo al volver de las actividades que tengan programadas para ese día o decidir qué hacer después de la actividad.

A trote: Acompañarles en sus decisionesAcompañémosles en sus decisiones.

Si acaban sus tareas antes de tiempo, han de decidir qué hacen, si van estudiando ya para un examen que tendrán proximamente, leyendo un libro, recopilando información para un trabajo… o si se distraen un rato. Debemos entender que tanto la Educación Primaria como la Secundaria Obligatoria es una fase de aprendizaje, no sólo de contenidos, sino también y sobre todo de toma de decisiones. Nuestra tarea como padres y madres es la de ofrecerles el entorno adecuado para que hagan sus tareas con responsabilidad y autonomía.

 

A trote: EntenderlesEntendamos cada “no quiero” como un “no puedo”.

Lo más habitual es que detrás de un “no quiero” esté un “no puedo”. Cuando las cosas nos salen bien y nos sentimos orgullos@s de ellas nos gusta hacerlas. Es el proceso de aprenderlas lo que es para muchas personas aburrido y abrumador. Hagamos que lo entiendan usando sus aficiones, sus aprendizajes anteriores… Cuando nos digan “¡Ya lo entiendo! ¡Ponme otro!”, riámonos juntos de lo que sucedió hace un rato, cuando se negaban a hacerlo.

A trote: Escuchar y reflexionarEscuchemos sus quejas y después reflexionemos junt@s.

Cuando lleguen pesarosos/as por algo que no les ha salido como se habían imaginado, escuchémosles con paciencia. Todos, todas, nos frustramos a veces. Con esto no quiero decir que les demos la razón, sino que sólo les escuchemos, hasta que su enfado haya disminuido, ahí y sólo ahí estarán preparados para la reflexión. ¿Qué pudieron hacer diferente? ¿Qué tienen en su mano cambiar? ¿A quién pueden pedir ayuda si la necesitan? ¿Necesitan que hablemos con algún profesor/a para ver de qué forma podemos ayudarle?.

A trote: Compararles consigo mismosComparemos su resultado con los anteriores.

Pocas cosas hay tan descorazonadoras que ser comparados con los demás. Cada persona tiene sus propias potencialidades, en eso es donde radica el poder de la diversidad. Si cuando nos tiramos por primera vez a una piscina ponemos nuestra meta en la marca de Mireia Belmonte, nos sentiremos fracasad@s al ver nuestro tiempo. Si anotamos nuestro primer tiempo y seguimos nuestro entrenamiento, la sensación de fracaso será mucho menor y cuando algo nos salga peor que de costumbre sabremos que podemos hacerlo mucho mejor.

A trote: cuidar la autoestimaInterpretemos las notas de los exámenes de acuerdo a su valor.

Hay 4 que son mucho más “sabrosos” que un 9 o un 10, porque sabemos que detrás hay un gran esfuerzo y ofrecen la oportunidad de conseguir un 6 y hacer media. No nos decepcionemos por una nota, ni le demos más valor del que realmente tienen. Nuestros hijos/as son mucho más que su nota en matemáticas, lengua o educación física.

A trote libertad responsabilidadAtemos muy fuertemente la libertad con la responsabilidad.

La preadolescencia y adolescencia es el momento de mayor necesidad de libertad, de disfrutar a solas o con sus amistades. Es natural la rebeldía en estas edades, la necesidad de pensar de forma diferente, de expresar libremente su “Yo”. Pues unamos esa necesidad a la responsabilidad. ¿Quieren salir para dar una vuelta con sus amig@s? Antes deben dejar sus tareas hechas, ¿Quieren disponer de dinero? Pues tendrán que encargarse de algunas de las tareas que hay que hacer en casa, ¿Quieren un nuevo móvil/bicicleta…? Tendrán que ahorrar el dinero de lo que con su trabajo y esfuerzo van consiguiendo (no sólo en la escuela).

A trote: ConfiarConfiemos

La confianza es algo que debemos regalar así, sin más, tanto a nuestros hijos/as como a sus profesores/as o a otras personas que intervienen en su educación. La clave no está en que las personas se ganen nuestra confianza, está en motivarlas para no perderla.

 

 

¡Hasta la semana que viene!

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