Prevención de conductas de riesgo en casa atrote

Familias

Prevención de comportamientos de riesgo

Contextualizamos esta unidad

Lo primero que debo decir es que la prevención de estos comportamientos debe comenzar con el inicio de la educación, no es algo que deba hacerse en la adolescencia o preadolescencia.

Son 3 los niveles en los que se puede hacer prevención:

  • Prevención primaria: Cuando todavía no se ha observado ningún indicio, busca evitar la aparición de comportamientos de riesgo.
  • Prevención secundaria: Se empieza a observar algún indicio, busca frenar la progresión.
  • Prevención terciaria: Ya no son indicios lo que se observa, se comienza ya a sufrir las consecuencias de ese comportamiento de riesgo.

Trabajaremos en la prevención primaria básicamente y los primeros estadios de la secundaria. En los demás casos, el tratamiento debe ser ya individualizado y realizado por profesionales del ámbito del que se trate.

Agrupamos en dos grandes familias los comportamientos de riesgo que trataremos en esta unidad: los comportamientos adictivos y los delictivos. En el primero de los casos, veremos las adicciones a las drogas (legales e ilegales), el consumismo y la adicción al juego de azar. En el segundo trataremos los comportamientos sexuales de riesgo (entendido como peligro contra uno mismo), la violencia de género, el sexting el grooming y el acoso y ciberacoso.

Introducción

Antes de prevenir debemos entender qué factores son los que en mayor medida nos protegen para no desarrollar comportamientos de riesgo. A nivel personal, el factor que se considera más promotor de comportamientos saludables es un constructo que en psicología llamamos “resiliencia” (veremos qué es un poco más adelante). A nivel familiar, el estilo educativo democrático (positivo-constructivista) es el que se muestra como promotor de comportamientos saludables. A nivel social un entorno que ofrezca oportunidades de ocio saludables, salidas a nivel profesional y personal, que sea inclusivo, es el ambiente propicio para un desarrollo seguro.

Jugando y entendiendo cada uno de estos factores promotores de un desarrollo saludable es como enfocaremos esta unidad. Los factores de riesgo son muchos y muy variados. Sólo me pararé a explicar los motivos por los que los otros tres estilos educativos (autoritario, permisivo y negligente) no promueven un desarrollo seguro.

En el primero de los casos, en el estilo autoritario, el margen de decisión es muy corto para el niñ@. Son otras personas las que deciden por él/ella. Dependerá de sus características a nivel personal (cuánto de obediente sea), que desarrolle o no comportamientos de riesgo. Si se trata de una persona curiosa o si se da la casualidad de que una persona en la que confía comienza a desarrollar comportamientos de riesgo, estaremos en un momento de peligro. Ese estilo autoritario desarrolla además por modelado relaciones de desigualdad y ocultación de comportamientos hacia los progenitores, lo que puede tener consecuencias de falsa realidad y de problemas con sus iguales.

En el segundo de los casos, con el estilo permisivo, nuestro mensaje es que todo lo que quiera, lo tendrá. Esto no es verdad. Y nosotros no podemos garantizarlo. Conforme va creciendo, el niñ@ se va dando cuenta de que la cosa no pinta nada bien y no sabe, no tiene recursos para reponerse ante una situación que se le complica. Hasta el momento todo se lo fuimos solucionando nosotros y no sabe hacerlo por sí mismo. Con este estilo estamos dejando atrás la oportunidad de enseñarle. Eso sí, es fácil educar de forma permisiva, evitando los conflictos, haciendo todo lo posible para que no surjan, pero… ¿podemos garantizarles que estaremos siempre ahí previniendo sus conflictos o mitigando sus consecuencias?. No saber gestionar la frustración es uno de los factores de riesgo más poderosos para conductas no saludables, de daño a uno mismo o a los demás y la permisividad no enseña a gestionar la frustración.

El tercero de los estilos, el negligente, es el más peligroso. Sólo diré lo que, como entorno, podemos hacer cuando vemos que un niñ@, un compañer@ de nuestros hij@s no tiene un entorno familiar que cubra sus necesidades más básicas (alimento, protección y afecto). Debemos llevar el caso a los Servicios Sociales de nuestro Ayuntamiento y hablar con nuestros hij@s para que no permitan que se quede al margen. Como sociedad que formamos tenemos nuestra parte de responsabilidad. Digo sólo esto porque un padre, una madre negligente no estaría leyendo esto y, si lo estás, bienvenid@, aún hay cosas que puedes hacer.

La resiliencia

La resiliencia es la capacidad para superar la adversidad.

Una persona es resiliente si:

  • Es capaz de gestionar sus emociones y dar una respuesta adaptada a las de los demás;
  • Cuando puede planificar, poner en marcha, mejorar y evaluar sus planes;
  • Debe ser capaz de tolerar la frustración;
  • Sabe entender los errores como oportunidades para el aprendizaje;
  • Sus éxitos y sus fracasos los atribuye a factores internos y que puede controlar;
  • Sabe cómo se toman las decisiones;
  • Es proactiva, sabe anticipar y prever posibles adversidades cuando pone en marcha un plan

Esta característica es nuestro foco, nuestra meta como educadores. En la sociedad en la que vivimos esta es la característica que mejor promueve un estilo de vida saludable. Ya no es lo que era, la estabilidad es un concepto del pasado. El mundo en el que vivimos está dentro de un cambio permanente, las fronteras son cada vez más difusas, empleos que antes tenían un cierto prestigio ahora están obsoletos, la información nos envuelve, son tantos los caminos que podemos coger y tan cortos que resulta abrumador, para nosotros y para nuestros hij@s. Esto no es bueno, ni es malo, es lo que es. Y lo digo sin un ápice de conformismo, lo acepto. Este es el campo de juego en el que tengo que jugar y lo voy a hacer de la mejor forma que pueda. No vivimos en un mundo para las quejas ni para los lamentos, vivimos en un mundo de acción (y reacción).

Otra característica diferenciadora de la sociedad que dejamos para nuestros hij@s en comparación con la nuestra es que, hasta ahora, fuimos “creciendo” a nivel de economía familiar, de libertades, de servicios… si vemos hacia atrás a nuestros abuelos, nuestros padres… nosotros y vemos hacia delante, nos damos cuenta de que estamos en un momento en el que no podemos garantizar que nuestros hij@s puedan mantener nuestro nivel adquisitivo, sus sueldos son más bajos y sus oportunidades más escasas, la vivienda es cada vez más cara y eso impide el acceso a, por ejemplo, coches de la calidad de los nuestros, vacaciones como las que han vivido… quizás no puedan permitirse el nuevo iphone. Y a tod@s nos gusta avanzar en la vida y pocos son los que aceptan los retrocesos como lo que son, adaptación y reto. Estos últimos son las personas resilientes, capaces de superar la adversidad. Las otras personas son quienes pueden desarrollar adicciones, para “tapar” esa sensación de fracaso; o conductas delictivas, para demostrar su superioridad, aunque sea haciéndose daño a sí mismo o a los demás.

El panorama no es negro, es multicolor, si eres resiliente. Tienes el mundo al alcance de tu mano.

Es evidente que la resiliencia empieza a desarrollarse desde que naces. Cuando no dejamos que el niñ@ experimente, estamos dejando de lado la oportunidad de que lo intente de nuevo, de sentir que sus éxitos dependen de él; cuando no le acompañamos cuando se siente frustrado, con apoyo y con cariño, haciéndole ver que esa sensación que tiene es normal, estamos impidiendo que desarrolle su resiliencia; cuando no le dejamos escoger qué ropa ponerse, estamos impidiendo el desarrollo de su resiliencia; cuando nos dice “NO” motivando ese no y nosotros no cambiamos nuestra opinión, estamos impidiendo su resiliencia; cuando pensamos que la meta de todo es la felicidad perenne, estamos impidiendo su resiliencia… la felicidad sin tristeza, sin frustración, sin enfado, sin dolor, simplemente no existiría como concepto. No existen emociones “malas” ni “buenas”, todas son necesarias, sólo debemos enseñarles cómo gestionarlas (y… como el movimiento se demuestra andando, debemos aprender a gestionar antes las nuestras o pedir perdón cuando no somos capaces, la perfección no entra en el concepto de resiliencia).

El estilo educativo positivo-constructivista

Es el estilo que en mayor medida promueve la resiliencia en nuestros hij@s.

Existen críticas, yo creo que basadas un poco en el desconocimiento, o en la generalización de ciertas prácticas o corrientes que nacen en el positivismo, que dicen que el positivismo es un poco de personas ilusas, que creen que la vida es una búsqueda de la felicidad perenne. Desde luego, no lo veo así ni defiendo que la vida sea eso, sería muy cruel por mi parte deciros que la felicidad perenne existe, es como cualquier otra emoción, caduca.

Una educación positiva consiste en permitir la experimentación, en enseñar a gestionar las emociones, en desarrollar la respuesta empática en nuestros hij@s, en dejar que tomen sus decisiones y, con ello, que celebre o sufran sus consecuencias, apoyándoles en todo momento, pero dejando un espacio para la experimentación en un ambiente con sus normas y con sus límites. Toda la unidad anterior de “Normas y límites” desarrolla y os dice cómo poner en práctica este estilo educativo.

Una educación constructiva defiende, en este caso, que es poco a poco como se va desarrollando la resiliencia en nuestros hij@s, el primer paso es dejar que experimenten, que se frustren, que celebren sus éxitos, ofrecerles oportunidades adaptadas a su edad y a su personalidad. Somos, utilizando la metáfora de la construcción, quienes, junto con sus profesores y profesoras, colocamos los andamios de un edificio que ellos construyen, les damos los materiales que necesitan para su construcción y para su protección, les decimos cómo pueden hacerlo pero… no nos metemos en su edificio, no se lo construimos nosotros, les dejamos que experimentes con otras formas de construirlo, y no le decimos: “¿ves?”, le felicitamos cuando encuentra formas novedosas, dejamos que corrijan cuando no les sale como esperaban… son ell@s quienes deben hacerlo, equivocarse, volver atrás, avanzar… estamos ahí, pendientes, atentos a sus necesidades, les enseñamos a expresarlas e intentamos cubrirlas o darles opciones para que puedan solucionarlo. Les preparamos para la vida adulta… poco a poco irán dependiendo menos de nuestra ayuda. Pero, si desde pequeños vivimos con ellos dentro de su edificio y hacemos todo su trabajo, ¿qué pasará cuando nos vayamos? ¿se sentirá capaz? ¿y si desde fuera le damos órdenes exactas sobre qué colocar en su edificio, dónde colocarlo, cómo hacerlo? ¿qué pasará cuando se quede solo en su edificio? Y ya, si no colocamos ni un andamio, si no le damos lo que necesita, si no le decimos como hacerlo… ¿cómo hace el niñ@ para construir su edificio?.

Ambos, positivismo y constructivismo son los pilares en los que se asienta el estilo democrático.

La sociedad inclusiva

Muchas veces confundimos prevención con ocultación. Es triste ver que un niñ@ es marginado por sus compañer@s, por los otros niñ@s en el parque, bajo la atenta mirada de los padres y madres. Es muy triste y muy poco educativo. Estás enseñando que o eres como todos o te dejan al margen. Nuestro mensaje no puede ser peor como sociedad.

Una sociedad inclusiva acepta a quien vive en ella. Aceptar no es permitir comportamientos contrarios a la convivencia y nuestro sistema educativo es, por definición, inclusivo y promotor de una convivencia positiva. Como padres, como madres, debemos sentirnos seguros de que nuestros hij@s se eduquen en un entorno inclusivo y debemos apoyar también la inclusión fuera del aula, como forma de prevención.

Decir, recordar más bien, que en esta unidad estamos hablando de prevención a nivel primario y primeros estadios del nivel secundario. Aquí todavía no se han producido comportamientos adictivos o delictivos, estamos intentando prevenir que ocurran y estamos tratando el tema de qué podemos hacer como padres para prevenirlos.

Pues no debemos permitir que un niñ@, sean cuales sean sus características personales, culturales, raciales, sociales, familiares… sea apartado del grupo, forma parte de nuestra sociedad y debemos hacerla inclusiva. Si no lo hacemos… estamos colaborando a que ese niñ@ crezca y comience a tener comportamientos adictivos y/o delictivos. Claro que esto nos dará la razón, ¿no?. “¿Ves? ya te decía yo que iba a acabar así”. Las expectativas, qué fuertes son. Os invito encarecidamente a hacer click sobre el siguiente enlace sobre un experimento que se llevó a cabo en EEUU acerca de las expectativas y de su efecto, se trata del llamado “Efecto Pigmalion” (Vídeo explicativo de 3 min de duración de Alberto Soler). En este caso las expectativas fueron positivas, pero si son negativas, ocurre de idéntica forma, pero al contrario.

Esta decisión tan simple y crucial, la decisión de incluir, supondrá además un aprendizaje para nuestros hij@s, en la diversidad está nuestra riqueza, aceptar la diversidad es aprender que hay diferentes formas de vivir y de ver la vida, les hace más conscientes de lo que tienen y se dan cuenta de lo que supone vivir con ciertas limitaciones, a cualquier nivel y aprender de las fortalezas de otras culturas, de otro tipo de educación.. aprenden de la diversidad. Es enriquecedor.

Las adicciones

Son 3 los comportamientos de riesgo que buscamos prevenir referentes a las adicciones: drogodependencia (a drogas legales e ilegales), consumismo y adicción a los juegos de azar. En los 3 casos, el comportamiento se puede explicar mediante el llamado “Círculo de las adicciones”:

Para entender este círculo debemos comprender de qué forma funciona nuestro cuerpo ante cualquier sustancia o conducta que provoca un desequilibrio en él. Lo que hará es encontrar una forma para volver a su estado de equilibrio, no podremos hacer nada para que nuestro cuerpo desarrolle lo que llamamos “tolerancia”. Ocurre con cualquier sustancia y con cualquier comportamiento. Desde un analgésico hasta la droga más adictiva, desde la compra de un móvil de última generación hasta el préstamo con mayor sinsentido, desde una apuesta en una máquina hasta el juego a horas y ambientes intempestivos. El cuerpo crea tolerancia. Esa tolerancia nos provoca dos consecuencias, totalmente explicativas de la adicción:

La misma dosis de la misma sustancia, el mismo comportamiento con idéntica frecuencia, ya no nos provoca placer. El cuerpo encuentra el equilibrio en ese estado. Esto es lo que nos hace tener que decidir entre (1) dejar el tema como está, mejor no seguir probando; (2) aumentar la dosis de esa sustancia o la frecuencia de ese comportamiento; (3) cambiar de sustancia a otra que tenga mayores efectos o cambiar el comportamiento, ya no sólo apostamos en una máquina de un bar un sábado que salimos, ya también lo hacemos en casa, desde el móvil, desde el ordenador; ya no sólo nos compramos esas botas porque son chulísimas, también nos compramos toda la parafernalia que le pega y le va a juego.
Esa tolerancia provoca que sin sustancia, sin comportamiento adictivo, ese desequilibrio se manifieste en forma de malestar, justo al contrario del efecto que nos causa la sustancia o el comportamiento. Si la sustancia es neuroléptica, sentiremos ansiedad, si la sustancia es activadora, sentiremos cansancio, fatiga, depresión… Si el comportamiento nos pone eufóricos, sentiremos apatía, desesperación… Y para evitar esta sensación tenemos dos opciones (1) sufrir ese malestar hasta que el cuerpo se equilibre de nuevo sin sustancia, sin comportamiento o (2) consumir, volver a realizar ese comportamiento.

El momento en el que nos convertimos en adictos es cuando ya sólo consumimos, mantenemos la conducta, para evitar el malestar, ya no sentimos más placer que “estar normales”. Es así de triste la adicción, la búsqueda fácil de la felicidad perenne, la consecuencia de creernos eso de que existe un estado de “nirvana” y que es posible vivir en él.

Además, el cuerpo “aprende” a anticipar esos estímulos, cualquier mensaje, cualquier imagen, cualquier suceso en nuestra vida, cualquier antecedente de ese comportamiento adictivo, de repente, provoca el recuerdo, provoca el deseo, provoca la recaída. Es más difícil no recaer que dejar una adicción (y no digo que dejarla sea fácil). De ahí la importancia de defender que no se publiciten ningún tipo de drogas ni de comportamientos adictivos, no tanto por ocultar su existencia, sino como forma de evitar las recaídas, aunque puede que resulte más efectivo ciertas terapias de exposición o entrenamientos en resiliencia.

Entender el círculo es la mejor forma de prevenir estos comportamientos de riesgo, de detectarlos y de buscar ayuda si es necesario. Ya hemos hablado de los 3 factores a nivel personal, familiar y social que mejor previenen la entrada en este círculo tan vicioso.

Decir que muchos estudios coinciden en que cada persona tiene un cierto grado de peligrosidad de desarrollar más rápida o más lentamente su tolerancia y esto se encuentra ligado a características personales (genéticas) y ambientales.

Para acabar con el tema de las adicciones, simplemente nos queda reflexionar sobre hasta qué punto las drogas legales (tabaco, alcohol, psicotrópicos…) forman parte de nuestra vida y qué mensaje les estamos dando a nuestros hij@s sobre el uso de esas sustancias. De idéntica forma reflexionemos sobre nuestras compras, sobre lo que les compramos, sobre los caprichos que les damos, sobre sus reacciones ante las posesiones que tienen y, por último sobre nuestra forma de ver los juegos de azar y el azar en general.

Los comportamientos delictivos

En este caso trataremos de presentar diferentes tipos de comportamientos de riesgo que llevan parejo un cierto componente delictivo. Son los casos de los comportamientos sexuales de riesgo (entendido como peligro contra uno mismo), la violencia de género, el sexting el grooming y el acoso y ciberacoso.

Comportamientos sexuales de riesgo: Entendidos como aquellos comportamientos que no tienen en consideración la prevención de embarazos que no son deseados a edades muy tempranas y la transmisión de enfermedades de transmisión sexual. Las incluyo dentro de este apartado de conductas delictivas por el impacto que pueden tener hacia la propia vida. Son actos y comportamientos que ponen en riesgo la vida de nuestros hij@s. Los últimos datos estadísticos nos ponen ante una realidad no muy optimista. Ha aumentado el contagio de SIDA y se publican cada vez más casos de comportamientos sexuales en adolescentes que, sin afán moralista ninguno, ponen en serio riesgo su salud. No entraré en detalles, porque ya se pueden ver en las noticias. ¿De qué forma prevenir que esto ocurra? Informando de los riesgos y de las formas de evitarlos, facilitando el acceso y explicando el uso de los preservativos, sin pedir explicaciones de con quién los gastan ni a quién se los regalan y siendo muy explícitos a la hora de explicar de qué formas se puede producir una enfermedad de transmisión sexual y sus consecuencias. La educación acerca de la edad a la que es conveniente mantener relaciones sexuales, el modo de llevarlas a cabo, la frecuencia… eso es parte ya de cada familia, de los valores de cada uno, de sus creencias. Lo que es necesario es informar y dotar de recursos para el acceso a métodos profilácticos, dejando muy clara la importancia de su uso, tanto para prevenir enfermedades cuyas consecuencias pueden ser muy graves como para evitar embarazos no deseados.

La violencia de género: Un papel demasiado importante tenemos como educadores en este tema. Desde pequeños clasificamos a las personas en niños y en niñas, ya les ponemos signos identificativos de su género, ya les compramos juguetes diferenciados, ya les decimos cómo comportarse dependiendo de su género, ya les enseñamos qué tareas son de hombres y cuáles de mujeres, ya nos encargamos que esos roles estén de manifiesto con nuestras acciones como madre y como padre… ya les decimos qué es “de niños” y qué es “de niñas” (y lo “de niñas” suele tener una connotación mucho más negativa)  y después lloramos amargamente porque vemos que nuestras hijas están siendo mal-tratadas. Prácticamente las hemos educado para ello, para aguantar, para poner a su familia por encima de cualquier otra cosa, para cuidar, para soñar con un mundo con príncipes y con princesas, para ver en el hombre a su salvador y a ellos, a ellos los educamos para dominar, sin expresar sus sentimientos, sin poder llorar, demostrando su hombría, conquistando nuevos territorios… el machismo es nocivo para hombres y para mujeres. Y el feminismo NO es lo opuesto al machismo, el feminismo busca la igualdad entre hombres y mujeres. Un hombre puede ser mucho más feminista que una mujer, el feminismo no es cosa de mujeres que se creen superiores a los hombres, somos mujeres que queremos igualdad, que queremos poder salir solas y volver de noche sin riesgo para nuestra salud, al igual que un hombre (es un ejemplo, claro, me indigna cuando leo “volvía sola de noche” en un caso de violación… como si esto fuera la causa, el delito, culpabilizamos a la víctima, es muy frustrante leer noticias sobre violencia machista). Para educar en igualdad, debemos educar a las personas por lo que son, por lo que tienen, por sus potencialidades, dar respuesta a sus necesidades y dejar de preguntarnos si es o no es “propio” de un hombre o de una mujer. Un hombre puede ser tan o más buen cuidador que una mujer y una mujer puede ser tan o más fuerte que un hombre. Todo depende de la individualidad y de las oportunidades que tengamos en la vida. La violencia de género es la expresión más cruel del machismo y sólo se previene desde el feminismo. En el caso de detectar un posible maltrato, buscar ayuda profesional y no esconderlo es fundamental, el mensaje de “nosotros estamos aquí, para apoyarte y protegerte cuando quieras nuestra ayuda”, es fundamental. Abrirle la puerta a lugares y personas que puedan ayudarle es lo más adecuado, acompañarle, escucharle, dejar que ella misma se dé las respuestas, aprenda a encontrarlas, sin juzgarla, sin maltratarla más, con cariño infinito, le hará ver la diferencia más rápido, aceleraremos un proceso por el que, sí o sí, va a pasar. Lo único que podemos decidir es si vamos a tomar parte como nuevos actores de ese episodio de su vida, si queremos buscar un papel protagonista, que decida por ella o si nos damos la vuelta y vemos hacia otro lado.

El sexting: Consiste en el envío de material (fotografías, vídeos…) de carácter sexual, normalmente de forma “voluntaria” por medio de dispositivos móviles o en redes sociales. El peligro de estas conductas es evidente, en el momento en el que una fotografía sale de tu móvil pierdes totalmente el control sobre ella. Puedes denunciar, claro está, porque es un delito transmitir este tipo de imágenes, pero el daño a nivel personal, familiar y social ya está hecho. Información y explicación de las consecuencias es el mejor modo de prevenir. Una pareja que hoy te parece que es para toda la vida, puede no serlo o puede defraudarte, una pareja que insiste en que le envíes fotografías o vídeos de contenido sexual, quizás no sea una pareja que te respete, que te quiera y… le estás dando un poder para coaccionarte, en caso de que la relación no vaya tan bien como habíais pensado, inimaginable. Es una decisión que entraña muchos riesgos y ningún beneficio. Explicarlo, también a los chicos, es fundamental. Es quizás más fácil que un chico acceda a enviar este tipo de fotografías que una chica y las repercusiones son similares, sobre todo si ese chico no goza de popularidad entre sus iguales.

El grooming: Es el engaño que las redes sociales y la comunicación por medios telemáticos permite. Nuestro hij@ puede pensar que está hablando con alguien de su edad, del mismo sexo, con su misma problemática y no, detrás puede estar un adulto, que normalmente no tiene buenas intenciones. Es un peligro nuevo de esta era digital y que ha causado grandes daños, sobre todo porque es una escalada, poco a poco, se ganan la confianza de nuestros hij@s, les convencen para que les manden ciertos contenidos o les cuenten determinados secretos y pronto comienzan las amenazas. Una de las amenazas más potentes es, precisamente, contárnoslo a nosotros, a sus padres. Así que esto nos lo pone más fácil. Si les decimos que a veces ocurren estas cosas, se lo contamos y les decimos que, de pasarles, nos lo cuenten, que lo entenderemos y denunciaremos, para que no les pase a otras personas, les estamos dando una escapatoria fácil. Lo máximo que les puede pasar es un buen castigo o una bonita “bronca”, pero… desde luego, las consecuencias de nuestra actuación nunca les causarán un daño ni remotamente similar a lo que les puede pasar si siguen escalando posiciones. Explicárselo es la forma de prevenir que suceda.

El acoso: Aunque todos sabemos qué es el acoso escolar o bullying, no está de más definirlo tal y como se conceptualiza, porque a veces existe un gran alarmismo y otras una gran permisividad. El bullying es un acoso físico o psicológico al que se ve sometido un alumn@, de forma continuada, por sus compañer@s. Digo que a veces hay alarmismo porque una pelea en el patio, en principio y sin más datos, no es acoso y digo que a veces somos muy permisivos porque los insultos, las vejaciones a nivel psicológico, cuando son continuadas y realizadas por un grupo de personas, sí es acoso. El enfrentamiento familias-escuela no facilita la detección y la intervención ante una situación de posible acoso escolar. Tod@s somos culpables de permitir que lleguen a darse situaciones de acoso en la escuela. Culpándonos unos a otros, ¿qué conseguimos?. Decir que todos somos culpables es como decir que nadie es culpable. Lo que sí somos es responsables, todas y cada una de las personas que formamos parte de la comunidad educativa, somos responsables de no haber detectado a tiempo. Hablar en el parque, en la cafetería o cuando recogemos y dejamos a los niñ@s no es productivo. Pedir una entrevista con el tutor/a si nuestro hij@ es pequeño o decirle a nuestro adolescente que hable con su tutor/a para contarle lo que nos ha contado es la forma de colaborar en la detección temprana de una situación de acoso escolar en la que la víctima, permanece callada y el acosador/a va sumando cada vez más apoyos. Víctima y acosador, en un contexto escolar, son niñ@s, adolescentes a lo sumo. Como sociedad tenemos mucho trabajo por hacer. En un ambiente educativo, creo firmemente que no hay mejor protección para prevenir estas situaciones que el desarrollo, investigación, implementación, seguimiento y evaluación de políticas pro-convivencia.

El cyberbullying o ciberacoso: Es la extensión del acoso a la totalidad de la vida de la persona acosada, las redes sociales son claustrofóbicas para una persona que sufre acoso, nunca se libra de él. Como educadores tenemos mucho, muchísimo que hacer, no podemos permitir que nuestros hij@s consientan estos comportamientos en los demás y, mucho menos, participen en ellos. Sólo hay que ponerse en la piel de la víctima por un momento para empezar  a entender los sentimientos que puede estar sufriendo, el miedo, la indefensión… ¿cómo hacer para parar esto? la víctima no puede, somos todos los demás quienes debemos pararlo, no consentirlo, ir al centro y contarlo, de uno en uno, sin ánimo de culpabilizar, sólo de informar para que se tomen las medidas, que se abran los protocolos y, tan importante como avisar al centro es decirles a nuestros hij@s que se posicionen con la víctima, no hace falta que se enfrenten a quien le acosa, simplemente deben acompañarle, no dejarle solo, preguntarle cómo se siente, ofrecerle apoyo. Pensar que el acosador/a muchas veces es víctima en otros contextos nos hace ver la escena en su totalidad.

Recapitulando

 

Son 3 los factores a nivel personal, educacional y social los que en mayor medida previenen los comportamientos de riesgo:

  • A nivel personal la resiliencia, la capacidad de reponerse ante las adversidades.
  • A nivel educacional un estilo positivo-constructivo, o democrático
  • A nivel social, la inclusividad

¿Esto será suficiente? Pues seguramente no, seguramente nuestros hij@s tomen decisiones acertadas y equivocadas, disfruten las consecuencias o las sufran, en eso consiste vivir y en eso consiste la vida, pero… si conseguimos que comience su vida adulta siendo una persona capaz de superar las adversidades que se le presenten, con seguridad en sí mism@ y con afán de mejorar la sociedad que le rodea, estará más preparad@ y en eso consiste nuestra tarea como educadores, en prepararles lo mejor que sepamos para su vida adulta. En presentarles la realidad de forma que la entiendan y la respeten, en enseñarles que un enfrentamiento dialéctico no es más que la defensa de dos opiniones, que para opinar, mejor primero escuchar ambas, en mostrarnos humanos, en equivocarnos, en rectificar… es imposible ser perfecto, al igual que es imposible conseguir un estado de felicidad duradera, buscar estas dos quimeras es vivir abocado al fracaso.

Ya lo decía John Lennon “La vida es lo que te va sucediendo mientras tú te empeñas en hacer otros planes”

 

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