Programa de prevención de conductas de riesgo atrote

Unidad de tutoría 8

Prevención de conductas de riesgo

Preparación del taller

Para esta unidad es fundamental poseer un conocimiento técnico y una serie de competencias a nivel personal y social. Se trata de temas que pueden herir la sensibilidad de nuestro alumnado, bien sea por su propia experiencia o por tratarse de comportamientos que viven en el seno familiar o de su entorno más cercano. De ahí la importancia de permanecer atentos/as a sus reacciones y comprender que aquellos alumnos/as que pueden mostrarse más reaccionarios ante esta unidad, tal vez tengan una serie de experiencias vitales que les provoque la necesidad de poner distancia sobre el tema, por no sentirse capaces para afrontarlo. En otros casos, sin embargo, se mostrarán mucho más interesados/as. Depende en gran medida de su forma de afrontar el conflicto. Hacérselo saber y modelar un tipo de afrontamiento colaborativo o cooperativo, les ayudará a aprovechar esta unidad y a promover en ellos/as una serie de comportamientos que sean preventivos ante conductas que entrañan algún tipo de riesgo.

Conocimientos técnicos:

  • Comprender el funcionamiento del círculo de las adicciones.
  • Entender qué factores de riesgo y cuáles son protectores ante conductas delictivas.
  • Tipos de sustancias adictivas, diversas clasificaciones, distintos efectos, mezcla de sustancias…

Competencia a nivel personal (emocional) y social:

La competencia emocional, como hemos avanzado ya, es muy importante a la hora de llevar a cabo esta unidad. Los temas personales deben ser tratados en privado, por profesionales en el tema. Es fundamental saber derivar, contar según qué experiencias en clase o aconsejar sin tener una visión completa del conflicto y los conocimientos necesarios puede empeorar una situación. Conductas adictivas, violentas y delictivas son mucho más cercanas de lo que en principio se puede suponer y se tienen que activar los procedimientos adecuados para corregirlas. Esta unidad sólo interviene a nivel primario y secundario. A nivel terciario sólo interviene para la fase de detección y derivación. Si algún alumno/a muestra un comportamiento poco adaptado durante las sesiones, se le puede proponer una entrevista personal y/o con orientación, entrevistar a las familias, comenzar un protocolo, pero siempre a nivel privado. En el aula, podemos simplemente hacerle ver qué tipo de afrontamiento está llevando a cabo (evitador, competitivo o acomodador) y pedirle que ponga en marcha otro de tipo colaborativo o cooperativo, recordándole las pautas del comportamiento asertivo, tanto al alumno/a en cuestión, como a los demás compañeros/as. En la unidad de Competencia social y de Resolución pacífica de conflictos, podréis encontrar más información.

 

 

Introducción

La adolescencia es el periodo en el que las personas estamos predispuestas para alcanzar un tipo de pensamiento experto, el abstracto. Estudios recientes nos ponen sobre la mesa que este tipo de pensamiento no se desarrolla en todas las personas, que se quedan con un pensamiento concreto para tomar decisiones adultas. Parte de este pensamiento abstracto consiste en la mejora en nuestra capacidad para demorar la recompensa, para comprender que la satisfacción de un deseo en el aquí y ahora puede suponer un error si sus efectos condicionan negativamente nuestro futuro. Esta es la base en la que se asientan las actividades que forman parte de esta unidad, en la que trataremos las relaciones de pareja tóxicas, las adicciones (con y sin sustancias) y comportamientos que entrañan riesgo (conductas sexuales de riesgo, acoso, cyberbullying, sexting y grooming).

Esta falta de maduración a nivel cerebral para la planificación y para el control, tanto conductual como emocional está acompañada en el tiempo con cambios a nivel endocrino, que hacen de la adolescencia un periodo para la experimentación. Los cambios que se producen a nivel físico provocados por el sistema endocrino, así como la acción de estas sustancias a nivel cerebral, acompañados de esta falta de maduración a nivel de corteza prefrontal, es lo que provoca la búsqueda del adolescente de experiencias que les resulten novedosas, sin pararse a evaluar sus consecuencias, siendo el periodo en el que con mayor probabilidad cometerán conductas de riesgo, que podrán ser prevenidas mediante información y educación para la regulación emocional. Los estudios realizados con personas adictas muestran la adolescencia como el periodo crítico en el que comenzaron. Si bien no todos los adolescentes que cometen conductas de riesgo terminan siendo adictos, un gran porcentaje de adictos adultos comenzaron a realizar estas prácticas en la adolescencia.

La perspectiva con la que trataremos estos temas se enmarcaría, dentro de este eje de acción tutorial, en acciones de prevención primaria y secundaria y se presenta de forma totalmente coordinada y complementaria con las actuaciones propuestas en el eje de mejora del Plan de Convivencia y con las actuaciones que se lleven a cabo desde el RRI del centro. El tutor/a en estos casos tendrá una labor de detección y de colaboración con el departamento de orientación, comisión de convivencia del centro y equipo directivo para poner en marcha e informar al resto del profesorado y a la familia de las medidas acordadas para la intervención con el/la adolescente y la evaluación de las medidas, tanto a nivel proceso como resultado.

La sociedad en la que vivimos y los resultados de las últimas encuestas realizadas a adolescentes nos presentan un panorama social sobre el que debemos intervenir y, dado el carácter obligatorio de la educación, el lugar en el que es más efectivo realizar este tipo de actuaciones es en la propia escuela, lugar en el que se desarrollan las relaciones entre iguales y en el que es más fácil detectar las problemáticas, dotar a los adolescentes de estrategias y crear espacios para su puesta en práctica y evaluación. Con ello no pretendemos asumir la responsabilidad de las familias, sino apoyarles y colaborar con ellos, creando un entorno de aprendizaje para sus hijos e hijas sobre cuestiones de las que depende en gran medida su madurez y desarrollo futuros.

Este panorama que nos presentan los datos obtenidos mediante encuestas entran en contradicción con nuestra idea de que vivimos en una sociedad de la información, en la que nuestros jóvenes tienen acceso a toda la información que desean. Esto, sin embargo, sería como decir que quien vive en una gran ciudad no necesita tanto un mapa como quien vive en un pequeño pueblo, tener acceso a más requiere una capacidad de procesamiento mayor. Este exceso de información provoca que se produzcan sesgos en los procesos de pensamiento, como el de confirmación, por el que se procesa sólo la información que no contradice nuestros esquemas previos, obviando el resto; o el sesgo de sobregeneralización, por el que un suceso totalmente aislado se pone de ejemplo para explicar todo un proceso de pensamiento. Es más necesaria que nunca una información científicamente razonada y neutra, que sirva de base para tomar decisiones acertadas y para interpretar la información que reciben. El paternalismo es un concepto que no entra en esta unidad.

Fundamentación teórica.

Conductas de riesgo y conductas adictivas tienen en común la incapacidad para demorar la recompensa. Estudios longitudinales realizados con niños en edad de EP encontraron fuertes correlaciones entre la incapacidad de demorar la recompensa en edad infantil con el mantenimiento de conductas adictivas y de riesgo en la adolescencia. Impulsividad y adicciones guardan una elevada correlación, que si bien no permite realizar relaciones de causa-efecto, sí nos pone en alerta sobre una de las variables que puede explicar mejor las conductas adictivas adultas.

En la neuropsicología de la adicción se puede comprobar como una actividad que en un principio resulta placentera, se convierte en adictiva. En un principio la conducta o la sustancia activa los circuitos del placer de nuestro cerebro. Si la conducta se repite de forma periódica el cerebro aprende, se adapta a ella, para conseguir su estado natural aún con sustancia, consigue desequilibrar para equilibrar. Esto provoca que se necesite más sustancia para seguir sintiendo placer. El cerebro de nuevo vuelve a adaptarse a este nivel de sustancia o de activación hasta que el consumo o conducta comienza a realizarse de forma habitual (o siempre en determinados contextos). En este momento la persona ya no consume o realiza la conducta adictiva para buscar el placer, sino para evitar el malestar que le provoca el hecho de no hacerlo, nuestro cerebro ha provocado un estado “normal” de malestar, que sólo se equilibra consumiendo o realizando la conducta problemática. Es la propia reacción del cuerpo a la sustancia lo que causa el displacer que induce a las conductas adictivas. El organismo ha aprendido a dar una respuesta a esa conducta que neutralice su efecto, y por esta razón, cuando no se consume, siente justo el efecto contrario al que provoca la sustancia y con una intensidad similar a la dosis a la que el organismo se ha acostumbrado. Este cambio en la motivación de la conducta es lo que convierte a la persona en adicta y lo que provoca también que cada vez busque sustancias o conductas que en mayor medida alteren su estado, ya que la sustancia que le provocó ese placer, por más que aumente la dosis, no alcanza a causarle placer, su organismo ya ha aprendido, ya se ha acostumbrado, ya sólo sufre sin sustancia y su consumo sólo normaliza.

Debemos tener muy en cuenta lo que otros estudios alertan, acerca del peligro que supone ofrecer una información inadaptada al conocimiento previo del alumno en estas materias. La adolescencia es un periodo de necesidad de experimentación y de riesgo y cualquier información realizada sobre temas que llevan consigo estos aspectos y que son desconocidos para el alumnado pueden provocar el efecto contrario al deseado, es decir, despertar en vez del rechazo la curiosidad.

.

Objetivos

Informar y formar en inteligencia emocional adecuada y suficientemente para evitar comportamientos de riesgo, así como romper con mitos, falacias y tabúes que existen en estos temas para provocar un cambio de actitudes y creencias.

Enseñar al alumnado el círculo desde el que interpretar las conductas adictivas y de riesgo.

Ofrecer una información científica acerca de los efectos de estas conductas.

Desarrollar en el alumnado un pensamiento crítico que les permita evaluar nuevas conductas de riesgo.

Desarrollar en el alumnado un proceso de toma de decisiones.

Poner en práctica técnicas de comportamiento asertivo para decir NO a la realización de conductas de riesgo.

 

Contenidos

Sesión 1: Conceptualización. Aprender a decir NO.

Sesión 2: Comportamientos adictivos. El círculo de la adicción.

Sesión 3: Comportamientos delictivos. Los 3 cerditos y el lobo.

Sesión 4: Cómo prevenir los comportamientos adictivos

Sesión 5: Cómo prevenir los comportamientos delictivos

Sesión 6: Medimos las consecuencias a corto, medio y largo plazo.

Metodología

La metodología, como en los demás talleres de tutoría que proponemos, es de índole participativa. Los alumnos/as serán los principales protagonistas de su aprendizaje. Utilizaremos dinámicas por equipos, de gran grupo, por parejas, de lápiz y papel…

Para esta unidad resulta fundamental partir del conocimiento previo de los alumnos/as. Para ello, utilizaremos una caja de zapatos, por ejemplo, con propósito de buzón. Cada sesión finalizará con la recogida anónima de preguntas relacionadas con el tema que se tratará en la siguiente sesión y se reservará un tiempo para dar respuesta a aquéllas que consideremos más significativas o que se repiten con mayor frecuencia.

Temporalización
Este taller tiene una duración de 6 sesiones, de 50 minutos y con una frecuencia semanal.
Indicadores para la evaluación del taller

Para este taller y para todos, resulta imprescindible la evaluación, tanto a nivel del proceso como de los resultados.
Para la evaluación del proceso, en las plantillas que tenéis disponibles en el diseño de sesiones de cada uno de los programas, contáis con un breve cuestionario final, que podréis utilizar para evaluar el proceso. Si disponéis de tiempo, podéis escribir anotaciones acerca del desarrollo de cada una de las sesiones.

Para evaluar el resultado de este taller, podéis tener en cuenta:

  • Los resultados de los cuestionarios que en la última sesión cubre el alumnado.
  • Impresiones acerca del cambio de actitud del alumnado.
  • Número de detecciones y derivaciones.
  • Cambios observados en la dinámica de relaciones en el aula.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies