La necesidad de establecer normas y límites en las familias atrote

Familias

Normas y límites

Una breve introducción

Me gusta comparar las normas y los límites con las puertas y las cerraduras de nuestras casas. ¿Cómo nos sentiríamos si tuviésemos que vivir sin puertas, sin cerraduras? ¿Estaríamos igual de tranquilos?. Las normas, los límites son necesarios para un crecimiento seguro. Sin ellos, los niños, las niñas, se muestran nerviosos, irritables, en una continua búsqueda, ¿de qué? de ese límite, de esa norma, que les haga experimentar en un ambiente seguro. Después comienza otra “lucha”, la de ampliar esos límites conforme van creciendo. Respetar sus tiempos, su desarrollo y adaptarnos a ellos es fundamental. El primer año que mi hijo entró en la escuela, la profesora dijo algo que nunca se me olvidará: “Muchos padres os preocupáis por cuándo vuestros hijos empiezan a leer, a escribir… os recuerdo que algunos de vuestros hijos seguro que empezaron a dar sus primeros pasos con 10 meses, otros tenían 14 y todavía no caminaban y yo os pregunto: ¿qué más da, si todos terminamos andando?“. Respetar tiempos y poner normas y límites de una forma positiva para su desarrollo y aprendizaje son los dos pilares sobre los que asiento los temas que trataremos.

Comenzaría haciéndoos una pregunta: ¿Qué de bueno tienen vuestros hij@s?. Paraos y reflexionad un poco. Muchos de vosotros seguramente estéis aquí para ver si tenéis alguna forma de corregir algún comportamiento, pero lo primero es aprender a daros cuenta de que son muchas las cosas que hacen bien para, a partir de ellas, enseñarles a hacer otras. Enfrentados no conseguimos más, sobre todo en la adolescencia. Utilizar nuestra autoridad causará miedo, pero no aprendizaje, se esconderán para hacer lo que no os gusta que hagan o simplemente evitarán los castigos, sin tener ni dar la oportunidad de reflexionar y con ello aprender y prepararse para la vida adulta. Cuestionar es una fase de vital importancia en nuestro desarrollo adolescente, en eso consiste la adolescencia, en cuestionarlo todo. Es desde un estilo educativo de disciplina positiva dentro de un marco sistémico desde el que os digo que la mejor forma de que cambien vuestros hijos, la forma más efectiva, es que cambiéis vosotros mismos, porque según esta teoría… “Si yo cambio, todo cambia”. Es más fácil, nosotros somos los adultos, disponemos de más recursos.

Las propuestas que desde aquí os hago están en su mayor parte recogidas del Programa EDUCA (Díaz-Sibaja, M.A.; Comeche, M.I y Díaz, M.I (2010). Programa EDUCA. Escuela de padres. Educación positiva para enseñar a tus hijos. Madrid:Pirámide).

¿Empezamos?

 

 

 

1. Observemos

Os propongo que observéis qué hacen vuestros hij@s durante el día, todos los días de la semana. Podéis preparar un cronograma para poder sacar vuestras propias conclusiones. Viendo el día a día de nuestros hij@s podemos comenzar a desarrollar en nosotros mismos un tipo de mentalidad positiva, con base a lo que ya sabe hacer y hace de forma totalmente natural. Desde ahí es de donde partiremos, quitando el foco de lo negativo, centrémonos sólo en lo que hace, para empezar.

Una vez hecho el cronograma, debemos reflexionar sobre 3 preguntas:

  • ¿Qué cosas ya sabe hacer?
  • ¿Qué cosas me gustaría que aprendiera?
  • ¿Qué comportamientos debería mejorar?

Es muy importante para continuar que escribáis en un papel vuestras respuestas, iremos viendo diferentes técnicas para mantener, para instaurar y para corregir comportamientos.

2. ¿Qué es la educación positiva y constructiva?

Vamos a comenza diciendo que NO es educación positiva y constructiva:

  • Ser permisvo
  • Ceder después de decir que NO
  • Ser autoritario
  • No ser coherente
  • Gritar, perder los nervios
  • No cumplir promesas o amenazas
  • No negociar
  • No escuchar
  • Exigir que los éxitos sucedan ¡YA!

 es Educación positiva y constructiva:

  • Dejar que actúen las consecuencias
  • Actuar, huír de los discursos
  • Tener unos objetivos claros
  • Ser coherentes en el tiempo, en la persona y en el lugar
  • Enseñar con claridad, cosas concretas
  • Pensar antes de prometer o de castigar
  • Confiar en vuestro hij@
  • Valorar no tanto los resultados, sino los esfuerzos y los intentos
  • Dar tiempo y ayuda para el aprendizaje

No os olvidéis: “El movimiento, como mejor se demuestra es andando”

En definitiva… ¿Qué es educar?

  • Es atender a sus necesidades básicas y materiales (alimentación, hogar, ropa…)
  • Es darle afecto, seguridad, confianza, valores de respeto hacia la diversidad, responsabilidad…
  • Es prepararles para que actúen de forma libre y autónoma, de forma responsable
  • Es potenciar su socialización, que se sientan incluídos en el grupo
  • Es entender que la familia comparte sus funciones educativas con otros agentes socializadores (escuela, TV, amigos…), pero sin delegar en ellos sus funciones
3. Desmontamos mitos y construimos creencias y actitudes positivas

Las frases más recurrentes, que de tanto repetirlas parecen ciertas y que lo único que consiguen es que dejemos de intentarlo, son algunas de las siguientes. En la medida en que seáis capaces de romper con estas falsas creencias, conseguiréis acercaros más a vuestros hij@s y haceros conscientes del potencial que todos tenemos como personas.

Cómo desmontar mitos y falsas creencias con actitudes y creencias positivas:

  • Ya se dará cuenta cuando crezca→ Los problemas no se solucionan por sí solos. Nosotros somos los responsables en solucionarlos y, sobre todo, prevenirlos.
  • Yo ya hice todo lo que pude con mi hij@→ Seguramente esto no es así, si lo creyeses realmente, no estarías ahora mismo leyendo esto. Los padres y madres tenemos una característica que nos define: ¡nunca nos rendimos!
  • Ya lo probé, yo eso ya lo hice→ Pues quizás no le diste el tiempo necesario o quizás te centraste en lo que querías corregir y no en todo lo positivo que tu hij@ hace o quizás no era el momento todavía… puede haber muchos motivos detrás de un fracaso, pero siempre hay algo: la oportunidad para aprender de ellos.
  • No sé para qué tanta teoría, yo quiero algo práctico→ Si sólo sabes qué hacer en una situación concreta, es más difícil que sepas cómo reaccionar ante cualquier situación, si entiendes e interiorizas de qué hablamos cuando decimos educación positiva y constructiva, tus herramientas serán infinitas.
  • Si el problema lo tiene mi hij@, ¿por qué se supone que soy yo quien debe cambiar?→ Pues porque en el fondo todos sabemos que lo único que podemos modificar de forma inmediata es lo que nos concierne a nosotros y, dentro del marco en el que trabajamos, el sistémico: “Si tú cambias… todo cambia”.
  • La culpa es del padre/ La culpa es de la madre→ Esto no tiene cabida en un enfoque positivo, pregúntale a tu hij@ qué tenéis de bueno cada uno, seguro que os puede decir muchas cosas, en eso es en lo que os debéis centrar.
  • Yo no puedo hacer nada para solucionarlo→ Es poco probable que pienses esto y a la vez estés aquí, claro que puedes hacer muchas cosas. Además, no hacer es sólo la expresión de decidir que vas a dejar que actúen las consecuencias. Es una de las opciones.
  • Yo no estoy dispuest@ a cambiar→ Nadie te pide que tú cambies, sólo que pruebes a hacer otras cosas, tú eres mucho más que estas decisiones, no tienes por qué cambiar.
  • La culpa es de la sociedad en la que vivimos→ La sociedad en la que vivimos no es otra que la que construimos. Nosotros somos la sociedad. Nosotros elegimos el Instituto al que acude, podemos invitar a sus amig@s a casa…A menudo es la sociedad la que nos sorprende con historias cotidianas que contienen un gran valor humano. Día a día nos vemos apoyados por esa misma sociedad.
4. Hablemos de los comportamientos

Un comportamiento es mucho más de lo que vemos. Normalmente no los entendemos porque no sabemos observarlos de una forma sistémica y sistemática. Son varias las preguntas que debemos hacernos para entender un comportamiento:

  • ¿Qué sucede justo antes de que ocurra ese comportamiento?
  • ¿Ocurre siempre? ¿Depende de con quién esté? ¿Depende del lugar? ¿Depende del momento del día?
  • ¿Qué sucede justo después de ese comportamiento?
  • ¿Obtiene con ese comportamiento algo agradable? ¿Evita con él algo desagradable?

Debemos entender que el mayor reforzador, el mayor premio que un hij@ puede perseguir no es otro que nuestra atención. Esta es una de las bases de la educación positiva. El niño, adolescente… preferirá una buena bronca que la desatención. Si cuando está tranquilamente o estudiando, o jugando… no le prestamos atención ni le decimos lo bien que lo ha hecho y sólo cuando se comporta de forma poco adecuada la tiene, pues… aunque no lo entendamos, estamos reforzando (premiando) ese comportamiento.

Hay otra forma de premiar sin querer un comportamiento y es evitando algo que no le resulta agradable. Si se niega a hacer los deberes y se los acabamos haciendo (dictando), estamos premiando ese comportamiento de negarse a hacerlos, consigue evitarlo.

Como podéis ver, premiamos sin querer y yo os pregunto ¿no sería mejor premiar queriendo?.

 

5. Lo que siempre debemos usar

El programa “EDUCA” les llama a estas herramientas “imprescindibles” y no puedo estar más de acuerdo. Son 3:

Las instrucciones, peticiones y órdenes: Constante y continuamente usamos esta herramienta, variamos el tono de voz, las formas y llegamos a pensar que están tan adaptados a nuestra cantinela que ni nos escuchan. Asienten, pero… no lo hacen, lo que nos hace escalar, en breves momentos nos vemos gritando exactamente lo mismo que hemos empezado diciendo como una sugerencia. Nuestros hij@s lo saben, saben que cuentan con todo ese margen y alargan el proceso. Esto hace que nosotros pensemos que la “bronca” funciona, pero lo cierto es que estamos creando un clima que es muy poco adecuado para una convivencia y que, si al final hace lo que le pedimos, no es tanto porque asuma su responsabilidad, sino por dejar de oírnos. Podéis probar a dar instrucciones, a hacer peticiones o a dar órdenes de otra forma, sólo una vez.

No estamos sugiriendo que haga algo. Si le decimos “¿Por qué no recoges tu habitación?” puede pensar “pues porque no me apetece”, esto no es una petición. Si le damos un montón de datos explicativos, perdemos eficacia “Cariño, si recoges la habitación vas a estar mucho más cómod@. Mira como tienes la ropa en tus armarios, mira la cama, mira tu escritorio. Después quieres invitar a amig@s pero, claro, no puedes, con la habitación como la tienes… ¿te imaginas que nosotros tuviésemos así toda la casa? ¿qué te parecería?….” (podemos llegar a hablar de los pájaros que anidan en el tejado y tampoco funcionaría).

¿Cómo hacerlo?: Con lo primero con lo que hablamos es con nuestro cuerpo, con nuestro tono de voz y con nuestros gestos. Hablar acompañándonos de todo el lenguaje no verbal es lo que da más fuerza a un discurso. Tenemos que estar convencidos de que lo que decimos es realmente lo que contamos y expresarlo. Para ello, tenemos que pensar antes de expresar nuestra petición, ¿qué es lo que queremos que haga?, cuando lo sepamos, debemos invertir un corto tiempo en ir a su lado, en mirarle a la cara, en decirle claramente lo que debe hacer, sin preguntas, sin sugerencias, sin una retahila de órdenes, de forma clara, corta y específica y relacionando la orden con su consecuencia, en positivo: “Si recoges tu habitación después podrás ver la serie que tanto te gusta”, tranquilamente. Si no lo hace… no verá la serie. Es importante, lo veremos más adelante, unir una acción con una consecuencia que podamos cumplir en caso de llevarse o de no llevarse a cabo la acción y deben estar relacionadas. El ocio, las vacaciones son actividades que hacemos una vez que hemos realizado nuestro trabajo. Si no trabajamos, difícilmente tendremos nuestras vacaciones, preparar a un niñ@, a un adolescente, para la vida adulta es enseñarle este tipo de cosas. Si unimos sus actividades agradables a su esfuerzo y trabajo, le estamos enseñando qué es la responsabilidad, no estamos amenazando, porque hablamos en positivo. Y le hacemos ver que está en su mano, que los premios y los castigos no los dispone una persona externa, es él quien se los gana, es él el protagonista de su vida.

Los reforzadores: Los reforzadores son “premios”, les llamamos de otra forma porque solemos pensar que un premio es algo material, un reforzador no tiene por qué ser material, es más, pierde fuerza cuando lo único que se le da son cosas materiales. Hay 3 tipos de reforzadores: los materiales, los sociales y los de actividad. Los primeros ya sabemos lo que son, el “caramelito”, los sociales es decirle lo bien que lo ha hecho, las felicitaciones, las muestras de cariño (es el más potente de los reforzadores) y los de actividad son otro de los grandes reforzadores y consiste, cuando son más pequeños, en hacer cosas con ell@s, en jugar y, cuando ya son adolescentes, también, aunque a lo mejor tendremos que invitar también a uno de sus amig@s. Funcionan en la medida que nuestro hij@ lo desea, si es a nosotros a quien le gusta jugar al parchís, pero a él/ella no tanto, ese reforzador será poco potente. Si, cuando nuestro hij@ adolescente acaba de limpiarse los dientes, le felicitamos por ello, puede pensar que nos estamos cachondeando de él/ella….

Para que un reforzador sea potente, nuestro hij@ debe saber qué hacer para conseguirlo, debe desearlo, debe darse justo al finalizar ese comportamiento y no darse si no se decide a hacerlo (el castigo es que se queda sin ese reforzador) y, si el reforzador es algo material, no basta con darse, debe decirse por qué se le da “Has recogido la habitación, pues corre que empieza ya tu serie” (haya tardado lo que haya tardado, da igual, aunque haya entrado en bucle, aunque lo haya hecho deprisa y corriendo… lo ha hecho, y debemos reconocérselo).

Los catalizadores: En química un catalizador es una sustancia que, si se incorpora a una disolución, acelera el proceso. No se me ocurre mejor forma que esta, utilizada en el programa EDUCA, para conceptualizar esta herramienta, potente también como pocas y que en menor medida utilizamos. Mi hijo siempre fue un niño “movido”, “súper-activo”… un niño muy curioso. Le costaba mucho tranquilizarse, dormir ni os cuento. Sin haber estudiado todavía Psicología educativa, los catalizadores fueron la herramienta que más usé para ayudarle a relajarse. Antes de salir al parque, dejábamos preparada en casa una mesa con plastilina, con papeles y lápices, un CD puesto… al volver, sabía lo que le esperaba, se daba una ducha, se ponía su pijama y, mientras preparaba la cena, él le daba al play y se ponía con la actividad que había escogido antes de salir de casa. Esto es un ejemplo de catalizador. Otros buenos catalizadores, además de crear ambientes propicios para el comportamiento que deseamos, son el tener unas normas claras, bien definidas y adaptadas a su edad; estas normas deben aplicarse de forma coherente (siempre y en todo lugar); tener rutinas es un buen catalizador también; enseñarle a pedir permiso antes de hacer algo nuevo, también es un buen catalizador; si sabemos que en determinados lugares o momentos suele tener comportamientos poco adaptados (en el supermercado, cuando nos paramos a hablar con alguien, en el coche…), recordárselo justo antes es un buen catalizador “Vamos al súper, sé que no te gusta, pero si estás tranquilo, acabamos antes y tendrás más tiempo para jugar” o, a nuestro adolescente, “Sé que no te gusta  venir a hacer la compra con nosotros, pero cuando te vayas a estudiar fuera, agradecerás saber cómo hacer para ahorrar y tener más dinero para salir con tus amig@s”.

6. No sabe hacer algo. ¿Cómo le enseñamos?

Para empezar, debemos decir que hay peticiones que son muy grandes para según qué edad. Muchas veces pensamos, y no podemos estar más equivocados, que lo que pedimos es lo lógico, lo fácil y no entendemos que les resulte tan difícil hacerlo. Esto es como cuando te apuntas a un gimnasio y crees que con pagar y comprarte la equipación ya está gran parte del trabajo hecho, hasta que te metes en la primera de tus clases de aerobic, ahí te das cuenta de que, mejor, te colocas detrás, donde no molestes y que, aunque cada uno de los movimientos por separado, sean fáciles, todos juntos resultan imposibles para ti, tu cerebro no va tan rápido como marca la coreografía y te ves ahí, en medio, con tu equipación, con unas cuantas personas que te ven como si no entendiesen cómo puedes ser tan torpe. Pues así se sienten muchas veces nuestros hij@s cuando, aun esforzándose, no son capaces de hacer las cosas como nosotros queremos.

Aprender es una tarea dura, frustrante… debemos acompañarles en el proceso y no para decirle lo que han hecho mal, sino para remarcar lo que ya hacen bien y que sean ellos mismos los que reflexionen acerca de cómo pueden mejorarlo. Es normal mojar el suelo la primera, la segunda, la tercera vez que limpias la loza; es normal que la ropa no quede muy bien colgada las primeras veces, cuando se visten por primera vez; puede que se olviden de ponerse un calcetín… nosotros tenemos nuestro método, ellos tienen que crearse el suyo propio, si les dejas, y no son capaces, cuando te vean a ti hacerlo, te preguntarán “¿y cómo haces para no mojar el suelo?” y tú les dirás “la solución está en la presión de agua que escoges para que salga del grifo”. Lo que no puede ser es que nos preocupe más el suelo de la cocina que lo que hacemos sentir a nuestros hij@s cuando están haciendo lo que les pedimos que hagan y todavía no saben hacerlo del todo bien. Si mojan el suelo, tendrán que limpiarlo, tendrán más trabajo, ell@s son los primeros interesados en dejar de hacerlo.

Son 3 las herramientas para enseñarles cuando todavía no saben:

El ensayo-error: Dejarles que se equivoquen y motivar que sigan intentándolo, hacerles entender que eso es lo normal, que las cosas no te salgan como quieres la primera vez que lo intentas. Yo misma, cuando empecé a hacer esta web, pasé un día de lo más frustrante, desde las 5 de la mañana, hasta las 11 de la noche y, cuando me levanté de la silla del ordenador fui consciente de que lo mejor era resetear todo lo que había hecho. Es frustrante. Me enfadé muchísimo, me insulté, el adolescente que vive en mi casa me dijo que no le gustaba verme así, que lo que decía no era cierto y que seguramente mañana lo vería de otra forma, no le di la razón, por supuesto, estaba indignadísima. Él me escuchó, aguantó mi chaparrón. Esto es el ensayo-error, lo mejor es acompañar en el proceso.

El modelado: Demostrar el movimiento andando. El comportamiento que tuvo mi hijo conmigo ese día negro, es fruto del modelado. Cuántas veces me tengo sentado yo a su lado, escuchando y acompañando. A veces lo mejor es dejar que cada persona hable en alto consigo misma. Al día siguiente de mi día negro (mi adolescente tenía razón), me di cuenta de que lo que realmente sucediera es que mis expectativas eran demasiado optimistas, creí que iba a ser más fácil. Cuando él se levantó, yo ya estaba empezando a hacer un curso de wordpress, por cierto, Joaquín, muchas gracias, me diste la mano y me sacaste del túnel, emocionadísima estaba. Cuando llegó del Instituto, ya había avanzado muchísimo… y esto sigue siendo modelado. Es con lo que más aprenden, de nada vale zurrar a un niño mientras se grita “NO SE PEGA” (visto con mis ojos). Ser conscientes de que enseñamos con cada decisión, con cada acto, es lo que nos convierte en educadores. Eso de que los niños son “esponjas” se queda corto. Pedir disculpas cuando nos equivocamos, es una forma de modelado. A veces sucede, llegamos a casa cansad@s, agobiad@s y nos encontramos con que hay cualquier cosa fuera de su sitio, ni siquiera nos paramos a pensar más allá… necesitábamos llegar a casa… y le cae encima la bronca del siglo, ¿por qué? pues porque no tuvimos un buen día, después nos sentimos fatal, claro, e intentamos compensar, pues lo mejor es sentarnos y explicarles que nos hemos equivocado, que por favor, nos perdonen, que para nada se merecían esa bronca que les acabamos de dar. Dice una frase que circula por internet que son 3 las palabras más difíciles de pronunciar “ácido desoxirribonucleico, esternocleidomastoideo y perdón”. Estoy de acuerdo.

Divide y vencerás: Me encanta este título (también en el programa EDUCA). Cuando la tarea es complicada o vemos que le resulta difícil, podemos hacer un “Plan de acercamiento”, por ejemplo, siendo cada vez un poco más exigentes con su resultado. La primera vez que haga la cama, es normal que le queden arrugas, dejémosla, no le va a pasar nada, es lo mismo que nos pasaba con el suelo de la cocina, tiene que doler menos la cama, el suelo, que nuestros hij@s, la primera vez premiamos esa intención, ya la segunda, le pedimos que con su mano intente quitar las arrugas, ya la tercera que intente meter bien el edredón en los bordes de la cama… así hasta que lo haga bien, después en la adolescencia seguramente retroceda en su aprendizaje, pero en el fondo sabemos que sabe hacerlo. Si la tarea se puede dividir en otras más sencillas, podemos hacerlo también o ir diciendo en voz alta lo que vamos haciendo nosotros mismos. Aprender procedimientos es difícil, porque quien te los enseña, sólo los hace, no los acompaña de palabras y necesitamos, para automatizar, primero crear una serie de instrucciones (el mejor ejemplo siempre es el de enseñar y aprender a conducir o a atarse los cordones, es tan fácil, ¿verdad? y entonces… ¿por qué es tan difícil aprenderlo?).

7. Qué hacemos cuando hace justo lo contrario a lo que debería hacer

Lo que queremos es corregir esos comportamientos. Lo primero es volver al apartado 1 y al 4 de este taller. En el primero, ya respondimos a la pregunta ¿Qué comportamientos debería mejorar? Será con ellos con los que trabajemos y en el apartado 4 vimos la forma de entender esos comportamientos, es el momento de reflexionar sobre uno y sólo uno de ellos, para así poder elegir la técnica que pondremos en funcionamiento. De uno en uno. Esto parece muy frío, muy serio, pero es saliéndonos del problema, dejando a un lado las emociones que a nosotros nos provocan estos comportamientos como mejor podremos ayudarles a corregirlos, poniéndonos más en su lugar que en el nuestro. El primer comportamiento en el que debemos poner nuestro foco es en aquél que cause daño a otras personas, ese que no podemos dejar de atender. Los demás, si no causan daño a los demás, pueden esperar.

A continuación os presento las distintas herramientas que, desde el programa EDUCA, se proponen para corregir comportamientos. Os recomiendo este libro, profundiza mucho más en cada una de las técnicas. En la introducción de este taller tenéis todos los datos sobre él. Comenzamos.

Retirada de atención: Ya hemos dicho que la atención es el mayor reforzador, nuestro hij@ preferirá una buena bronca que pasar desapercibido para nosotros. Retirar la atención, sin embargo, es lo más difícil y peligroso que podemos hacer, tenemos que estar preparados para el tsunami si nos decidimos por esta técnica. Y no ceder, nunca ceder. Si llega un momento en el que el niñ@ se pone azul, debemos dejar que se ponga azul, si tira todos sus lápices de colores por el suelo, debemos permanecer inalterables, si sube y sube el volumen de la música, ídem, si no, estaremos poniendo un nuevo techo a su comportamiento, todo el esfuerzo no sólo no ha merecido la pena, sino que ha reforzado un comportamiento mucho más comprometedor para una buena convivencia. Es el momento de preguntarnos: ¿seremos capaces? Si no lo somos…. mejor elegir otra técnica. Debemos entender que si hasta el momento llamaron nuestra atención con su comportamiento y, de repente, dejan de hacerlo, esto les causará un cierto estupor, “¿qué pasa?, ¿mi madre no se da cuenta de lo que estoy haciendo? Pues voy a hacerlo más evidente… ¿todavía no se da cuenta? Pues más….” Esta técnica es para descartar totalmente si su comportamiento causa daño a otras personas, en este caso no podemos desatenderlo. Es de las técnicas más potentes, pero requiere de medir muy bien si seremos capaces o no, no sólo nosotros, si no las demás personas que comparten la convivencia en casa (herman@s, pareja, abuel@s…), sólo si estamos segur@s de que nadie va a dar respuesta a ese comportamiento es la técnica que mejor funciona, para los demás casos… me temo que no.

Refuerzo de otros comportamientos: Esta técnica me encanta y es de las más potentes también. Consiste en decir lo que están haciendo bien, o hacerlo ver. Si nuestro adolescente está estudiando, podemos entrar y ofrecerle cualquier cosa que sea de su agrado o que pueda ayudarle, si nuestro hij@ está jugando tranquilamente con su herman@, podemos acercarnos, decirles lo bien que se lo están pasando y ofrecernos para jugar también con ell@s. Es simple esta técnica, muy simple y es la mejor promotora del cambio a una educación positiva, facilitadora de un buen clima de convivencia en casa.

Hártalo: Esta técnica no me gusta mucho, he de reconocerlo, pero es también efectiva, si tenemos en cuenta varios factores, que debe llevarse a cabo sin espectadores de ningún tipo y que supone una cierto sentimiento de burla en el niñ@/adolescente. Se usa para esos comportamientos que no tienen sentido alguno y que molestan enormemente, uno de los típicos es no parar de moverse, de subir y bajar del sofá, de tirársenos encima… consiste en animarle a que siga haciéndolo, una y otra vez, “Vamos, otra vez, sube otra vez”, así hasta que se harta, en ese momento debemos insistir un poco más: “Venga, con lo bien que lo estabas haciendo…”. Como os digo, no me gusta, pero entiendo que cuando la cosa ha pasado ya de castaño oscuro, puede seros útil y por eso lo pongo aquí. Que a un niñ@ no le guste la TV y prefiera hacer ejercicio, a mi, personalmente, me encanta, yo lo solucioné con un gran baúl lleno de disfraces delante de la TV, mientras veíamos cualquier película, él interpretaba a los personajes, nos lo pasábamos pipa, no subía, no bajaba, no molestaba… nos hacía la vida mucho más divertida e interesante, aceptar a nuestros hij@s tal y como son es la mejor forma de enseñarles a encontrar su sitio en la sociedad. Que todos seamos iguales, no nos favorece como especie que somos, en la diversidad está nuestra riqueza, la diferencia nos hace ricos. Aceptarles es el primer paso para educarles de una forma constructiva para ell@s y la mejor forma de prevenir adolescencias muy, muy, rebeldes. Evidentemente, esta técnica en la adolescencia es ya mucho más nociva. El adolescente ya puede reflexionar sobre qué consigue con ese comportamiento.

Sobrecorrección: Aprender es un rollo, pero saber es un placer. La sobrecorrección consiste en dejar que actúen las consecuencias que tiene no hacer algo del todo bien. Si lavando la loza, moja el suelo, tendrá que secar el suelo antes de barrer, barrer y fregar. Si sale de la cocina dejando las pisadas por toda la casa, tendrá que corregirlo, tendrá que limpiar todo el pasillo además de volver a la cocina, secar el suelo, barrer y fregar… en eso consiste la sobrecorrección, no hace falta echar broncas mientras ponemos orden en los desperfectos que ha causado, sino en acompañarle para corregir las consecuencias de no saber hacer algo del todo bien. Poco a poco irá perfeccionando su técnica para no perder tanto tiempo.

Llamadas al orden (típica bronca): Las broncas, si hacemos algo de autocrítica, para lo único que sirven es para exteriorizar nuestras emociones. Si no sabía que eso que ha hecho causa algún daño, puede ser efectiva, porque le hará pararse en seco y reflexionar sobre lo que ha hecho, en este caso sí son efectivas. Pero ¿y si ya lo sabe, ya le hemos reñido antes por ese mismo motivo y sigue haciéndolo? En este caso, le compensa nuestra bronca, lo que hace le causa tanto placer que la bronca de después le parece, en el mejor de los casos, un precio justo (en el peor de los casos, que ya hemos comentado, busca nuestra atención, prefiere la bronca que la desatención). En la medida de lo posible, debemos sustituir las broncas por uno de nuestros imprescindibles: “Instrucciones, peticiones y órdenes”, son mucho más efectivas.

Los castigos: Hay dos formas de castigar, una es en negativo, otra es en positivo. Es lo mismo decir “Sin recoger tu habitación, no sales” que decir “Si quieres salir, deja la habitación recogida”. Es lo mismo y al mismo tiempo es muy diferente. La primera opción crea un clima de enfrentamiento, de autoridad. La segunda los hace dueños de su destino. La educación positiva consiste en esto, aquí está el gran secreto, en “traducir”, en convertir una oración con dos negaciones en una sin ninguna, es una de las leyes del pensamiento lógico que debemos aprender, interiorizar y poner en práctica.

Tiempo fuera: Esta técnica es la que debemos utilizar sí o sí cuando su comportamiento causa un daño a otros. No consiste en pensar y que nos repita como un loro “no lo voy a hacer más”, no tiene que decirnos sus reflexiones, sólo cambiar de ambiente, dejar de tener nuestra atención durante un rato, en un ambiente en el que no pueda pasárselo bien, sólo estar tranquil@. Nuestra habitación puede ser un buen lugar, debe entender que no queremos causarle un daño, sino enseñarle que ese comportamiento no lo toleramos. Si sale, todavía enfadad@, debemos acompañarle de nuevo y decirle algo como “Sé que es difícil, pero debes encontrar la forma de tranquilizarte, intenta contar en voz alta, o respirar profundamente, cuando estés más tranquil@, podrás volver”. Cuando lo haga, no recordar ese episodio, sólo decirle lo bien que lo ha hecho y darle todo nuestro cariño ante el más mínimo buen comportamiento que tenga con la persona a la que ha causado daño antes es la mejor forma de enseñarle lo que sí se hace. A veces, nos desgañitamos explicándole lo que NO debe hacer, pero invertimos poco tiempo en lo importante, en decirle lo que sí debe hacer o lo que hace bien.

Castigo físico: Totalmente improductivo, crea miedo y el miedo crea ocultación, es así de simple. Que un niñ@ deje de hacer algo por miedo a las consecuencias, no sé, no consigo encontrar qué tiene de educativo. Sólo una vez me vi en la necesidad de zurrar un culo con pañales, me llegó al medio de la carretera, lo cogí por los tirantes de su peto vaquero, lo planté en la acera, en el suelo y le di una zurra, que se fue frenando por el camino, me arrepentí justo en ese momento, tardó unos cuantos segundos en reaccionar y comenzó a llorar como nunca antes había llorado, aguanté el tirón, me dije “aguanta, ahora ya está hecho, por lo menos que sirva de algo”, le reñí, le dije que nunca, nunca, volviese a hacerlo y paró en seco siempre a partir de ese momento. Esta fue la única vez que me salió este instinto de pegar sin poder frenarme, nunca más tuve la necesidad de hacerlo, ni se me pasó por la cabeza, hasta ahora, hasta la adolescencia, que le veo a veces y digo, ¡madre mía!, ¡qué tontería lleva encima!. Pero pronto se le pasa, hago como si no escuchara su locuacidad en defensa de cualquier cosa, o como mucho le hago cualquier pregunta… ahí se queda, reflexionando. Para entender que el castigo físico es la mejor expresión de nuestra impotencia, pensad qué consiguieron vuestros padres y madres con ellos, ¿dejasteis de hacerlo? ¿o simplemente fuisteis más hábiles para que no se enterasen?. A mi no hay cosa que más me moleste que ver a un gigante pegando a un enano. No creo que esto sea para nada algo educativo. Por lo menos, no va con lo que yo entiendo como educación, como acompañamiento, como respeto, como cariño… entiendo que a veces una situación se nos vaya de las manos, pero la defensa de este comportamiento, no.

8. ¿Y si sabe hacerlo pero no quiere? ¿Cómo le motivo?

También nos pasa a nosotros, ¿verdad?. Cuando hago talleres para familias, cada sesión la acompaño con una dinámica. En esta, que es de las últimas, sentados, les pido que se levanten, que se vuelvan a sentar, que se toquen la nariz, que se pongan a la pata coja, que levanten todos el brazo derecho, después el izquierdo, que se saquen la lengua, que den saltitos… llega un momento en el que se cansan, empiezan a molestarse y se niegan a hacer lo que les pido. Saben hacer lo que les pido, pero simplemente no quieren hacerlo, entonces les digo que miren debajo de su silla, que hay algo, en un principio se niegan, pero uno acaba haciéndolo, y descubre una tarjeta de “Gracias por tu confianza” y una piruleta. Los demás lo hacen.

Muchas veces, los niñ@s, los adolescentes aprenden a hacer cosas porque hay que hacerlas, sin entenderlas como respuesta a una necesidad, confían en nosotros, simplemente lo hacen porque se lo pedimos. Saben que si no se limpian los dientes, tendrán caries, pero nunca tuvieron un dolor de muelas; saben que tienen que recoger sus juguetes, pero nunca se cayeron tropezando con uno… pero llega un momento en que dicen: ¡ya está bien, yo esto no lo hago, sé cómo se hace, sé para qué se hace pero no quiero hacerlo!.

Es el momento de establecer un refuerzo para ese comportamiento. Son 3 las técnicas, aplicables por edad, básicamente. La primera será para los más pequeños, que necesitan refuerzos inmediatos, la segunda para los medianos, que ya pueden ir aprendiendo a gestionar y economizar y la tercera ya es para los adolescentes, con los que es imprescindible hacerles entender que toda libertad lleva pareja una responsabilidad y que el respeto y reconocimiento que tanto buscan sólo lo van a tener expresando su capacidad de respetar y reconocer a los demás. Si nunca utilizásteis ninguna, podéis empezar por el principio en cualquier momento, adaptando materiales y premios a su edad y a sus gustos.

Una ficha, una partida: Sirve para micro-comportamientos, no para comportamientos más complejos. “Si te lavas los dientes pronto, tendremos tiempo para leer el cuento”; “Tengo una merienda riquísima para quien haga bien los deberes”; “Coge tu lista de la compra, si consigues meter todo en tu carrito, podrás coger también tu huevo kinder”… En esto consiste, en decirles que todo esfuerzo tiene su recompensa. Esa recompensa no tiene que ser un objeto, ya hablamos antes de lo importante que es para nuestros hij@s que pasemos tiempo de ocio con ell@s. Podréis comprobar cuánto valoran esto con la siguiente herramienta, la economía de fichas.

Economía de fichas: Sin duda alguna es la técnica estrella de la escuela de familias, es todo un descubrimiento para los padres…, incluso para los que ya la habían probado antes sin éxito. Pero… muchas veces me quedo con la sensación de que no se dan cuenta que la verdadera potencia de esta técnica no está en implementarla sin más, si no en antes poner en práctica el gran cambio, desde una educación autoritaria o permisiva a otra positiva, más democrática. Cuando llegamos a esta sesión ya antes hemos hecho un gran recorrido, meses de recorrido y de práctica. Sin este cambio, la técnica pierde toda o gran parte de su efectividad. Os recomiendo empezar con las anteriores, de verdad, sólo así esta podréis ponerla en práctica de una forma que os dejará asombrad@s, no tanto por sus efectos, sino por las decisiones de vuestros hij@s, os daréis cuenta de lo importante que sois para ell@s. Es tan amplia que he pensado que la mejor forma es dejaros los pdf con los pasos, con los materiales que necesitaréis… al final de este apartado tenéis los links para poder descargarlos, imprimirlos, lo que queráis. Es una técnica que sigo usando, ya sin materiales, la economía de fichas es como la vida misma, si trabajas, tienes tu recompensa, pero ya no somos nosotros quienes decidimos su recompensa, son ell@s quienes las eligen. En las escuelas se adaptan para cualquier edad. Lo realmente importante es adaptarla a cada uno de vuestros hij@s. En algunos casos ir al parque puede ser un premio, en otros casos ir al parque les supone un esfuerzo que tenemos que premiar… cada niño, cada niña, es un mundo. Si os decidís a ponerla en práctica os daréis cuenta de a qué me refiero con la sorpresa que nos causa como padres… cuando tienen que tomar la decisión de gastar sus puntos ¿a qué creéis que les dan más importancia?.

Contratos: Son documentos escritos, en los que especificamos los comportamientos, sus consecuencias positivas (si lo cumple) y, sólo si lo necesitamos, sus consecuencias negativas (si no lo cumple). Estos comportamientos deben estar expresados de una forma clara, con la frecuencia y momentos totalmente definidos y debe ser fruto de un consenso, de una negociación. El documento lo firman ambas partes y se establecen los periodos de revisión del mismo. Así de serio es un contrato. Ahí radica su efectividad, si lo tomamos de broma, pierde toda su esencia y por eso es propio para adolescentes, o para niñ@s que se afanan por dar siempre su opinión y cuestionarlo todo. En descargas tenéis también un ejemplo de contrato.

Remarcar un aspecto muy importante para que cualquiera de estas 3 técnicas funcionen: Debemos asegurarnos de que sólo con su esfuerzo conseguirán ese premio. Sólo si se lava los dientes a tiempo, se le leerá el cuento, sólo si se come lo pactado de la comida, podrá tener su helado, sólo si mete en su carrito de la compra lo que le pedimos (o pide ayuda si no lo encuentra) tendrá su huevo kinder. Si lo consiguen sin hacerlo, esto no servirá de nada.

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Resumiendo. Hagamos un plan

Esta web tiene la vocación de no ser sólo un lugar en el que entrar, leer, reflexionar… su nombre se debe a la necesidad de la que tanto os he hablado, de demostrar el movimiento andando, no hace falta correr, sólo andar. Para ello, creo que la mejor forma de concluir este taller es dejaros una ficha que podéis utilizar para pensar de una forma más operativa, poneos en un caso, en un comportamiento sobre el que queráis trabajar, espero que este material os sirva para acompañar a vuestras reflexiones, pronto dejará de haceros falta, pero a lo mejor, de momento, os puede ser de utilidad. Muchas gracias por haber llegado hasta aquí.

 

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