Ansiedad y rendimiento en la práctica

Recuerdo el día de defensa de mi trabajo fin de grado, en la UNED de Pontevedra. Permitían llevar materiales y era por escrito. Su dificultad estaba más en el tiempo del que disponías para contestar a las distintas preguntas y que, al tratarse de un examen general para todo el alumnado, debías saber adaptar cada pregunta a tu trabajo, tuviese las características que tuviese.

Me pasé semanas anticipando distintas preguntas que podrían hacerme y creando pequeños esquemas con los que organizar mis respuestas. Esto es lo mismo que decir que me pasé unas cuantas semanas con miedo a lo que podría tener que enfrentarme, con ansiedad.

Cuando llegó el día de ir estaba tan tranquila que me asusté muchísimo. No estaba en una actitud favorable para examinarme. Iba en el coche y me iba diciendo: “Irene, que es ya el último examen del grado, que la vas a pifiar, que así de tranquila no te va a dar tiempo a hacerlo…”, comencé a intentar elevar mi nivel de ansiedad, pero sin ningún éxito. Había pensado tanto en las posibles preguntas y había organizado tan bien mis respuestas que no tenía preocupación alguna. Tenía el material conmigo, ¿para qué preocuparme?. Fue horrible darme cuenta de que no era capaz de elevar mi nivel de ansiedad y que sin él no tendría el nivel de alerta necesario para hacer el examen.

Cuando aparqué el coche vi hacia el asiento de al lado y… ¡¡mis organizadísimos apuntes no estaban!! Creí enloquecer, ya estaba con el teléfono en la mano para llamar a casa, pedir que me enviasen el archivo por mail, ir a la copistería del centro y volver a imprimirlos, cuando vi hacia el asiento de atrás… allí estaban. Los cogí y me fui para el examen con el nivel óptimo de ansiedad.

¿Qué nos dice la Ley de Yerkes-Dodson?

La Ley de Yerkes-Dodson lo que nos dice es que es necesario un cierto nivel de ansiedad para alcanzar un óptimo rendimiento.

La ansiedad y el rendimiento se relacionan siguiendo la forma de una “U” invertida. Con bajos niveles de ansiedad el rendimiento es bajo; con niveles moderados es óptimo; y con niveles altos de ansiedad, el rendimiento vuelve a ser bajo.

La ansiedad, también llamada arousal (grado de activación), como cualquier otra emoción, es positiva si aprendemos a regularla, a gestionarla. Sin ansiedad no tenemos el nivel de excitación necesario para llevar a cabo tareas con éxito.

¿Qué convierte a la ansiedad en un trastorno, en algo desadaptativo?

Lo que convierte a la ansiedad en algo desadaptativo es pasar ese punto óptimo. En la medida en que no nos veamos con recursos para afrontar la tarea que se nos presenta, el nivel de ansiedad irá en aumento hasta convertir esta emoción en desadaptativa.

La dificultad de la tarea entra en juego en la relación entre Rendimiento y ansiedad. Toleramos mucha menos ansiedad con tareas difíciles y necesitamos un nivel de arousal más elevado para tareas más fáciles.

Esto último se explica por la que es la madre de todos los corderos: nuestros recursos limitados. Y es que no somos capaces de trabajar en multitarea por mucho tiempo, debemos tener automatizados una serie de procedimientos para poder afrontar nuevos retos. En el caso de no poseer esos conocimientos previos, tenemos que invertir recursos en ellos, lo que nos deja menos margen para tolerar el nivel de activación.

Es así como la ansiedad, una emoción necesaria (como todas) para nuestra actividad, se convierte en desadaptativa, nos impide llevar a cabo tareas con éxito.

¿Cómo aplicar toda esta teoría al ámbito educativo?

Como hemos visto, son dos las variables que en este caso actúan sobre el rendimiento: el arousal o grado de activación (la ansiedad) y la dificultad de la tarea.

Es adaptando una u otra variable al alumno/a como lograremos mejorar su rendimiento. Pero antes debemos saber si el bajo rendimiento se debe a un nivel de arousal muy bajo (el alumno/a no está activad@ para realizar la tarea) o si la causa se encuentra en un nivel de arousal muy elevado (el alumno/a no dispone de recursos para afrontar su nivel de activación).

La detección del motivo que causa el bajo rendimiento es del todo prioritaria, porque la intervención sobre el propio nivel de activación y sobre la variable de dificultad de la tarea es diametralmente opuesta.

Me encantan los algoritmos, así que aquí os presento el de la gestión de la ansiedad (si hacéis click sobre la imagen podréis descargar el pdf).

Como podéis ver, y es lógico si se reflexiona, la activación también se relaciona con el tipo de motivación, ¿cuál es la meta que se plantea el alumno/a? ¿Quiere aprender, sentirse cada vez un poco más competente? ¿Quiere conseguir los mejores resultados? ¿Quiere evitar estar entre los que alcanzan los peores resultados? ¿Le gustaría estar entre los mejores y, como no puede, quiere ser el que peor resultados consigue?.

Sobre este tema trataré en el siguiente post, el tipo de orientación a metas.

Un saludo y gracias!!

E feliz día das Letras Galegas!!

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